Parece que los días sean todos iguales: el puto despertador infernal, la misma ducha a las siete y media, el desayuno estresante con los niños, el trabajo, la comida, las tareas de casa, las miserias de siempre en el telediario, el desmayo en el sofá...
Y vuelta a empezar.
Pero hoy no, hoy mi mundo ha cambiado, porque he abierto los ojos y estás aquí.
Te veo, con tu sonrisa radiante, el brillo de tus ojos y ese garbo al caminar.
Y no puedo creer lo feliz que me siento.
Estás aquí.
No puedo hablar, solamente te miro, embobado.
Y alcanzo a romper la rigidez de mi cuerpo, para conseguir alzar la mano y tocar tu pelo.
¡Tu pelo!
Estás aquí y eso es lo más maravilloso que me ha pasado nunca.
Y te cachondeas de mí, y me dices que si tienes monos en la cara.
Debo estar mirándote como si tuvieras una jungla entera, porque brillas, toda tú, resplandeces, tu risa ha vuelto para llenar el vacío de nuestra casa, y el de mi vida.
Y te abrazo, te apretujo y te siento toda. Y te beso, y te huelo y registro los lunares de tu antebrazo derecho, esos que me gustan tanto porque forman una constelación hermosa, y siguen ahí.
Sin duda, eres tú.
Y lloro, y me deslizo contra la pared hasta llegar al suelo.
¡Ha sido tan duro estar sin ti!
He necesitado aprender a comunicarme con la niña, ya sabes, está en plena pubertad, parece que tiene dudas con su sexualidad, nos ha costado mucho conseguir este grado de intimidad y de confianza.
Y Javi te añora y le ha dado por pegarse con todos los chavales que se atrevan a soplar a su lado.
En estas cosas, tú siempre has sido la Máster del Universo, yo he hecho lo que ha estado en mi mano y hasta lo que no.
Me he convertido en un seguidor de tus maneras de hacer, me obsesiona perpetuarte. Doblar las servilletas como tú, cambiar las sábanas los viernes, hacer croquetas con los restos del pollo asado del domingo, sí, he seguido haciendo tu receta del pollo asado cada domingo.
Y ya van más de cuarenta domingos con sus cuarenta pollos, que te marchaste.
Todavía me cuesta respirar, no se me llenan los pulmones de vida como antes, porque tú te la llevaste contigo.
Mi vida.
Y ahora estás aquí y el tintineo de tus pulseras resuena en mi oído mientras me consuelas y acaricias mi mejilla.
La última vez que hablamos, nos dijimos te amo todo el tiempo, estabas tan pequeña, tan frágil, tan cansada...
¿Quién iba a suponer que tu preciosa constelación nos iba a dar la noticia más amarga de nuestras vidas?
Cáncer.
Eso estaba en ti. Estaba en tu piel de bebé. Y pronto lo invadió todo: tu ser, tu alegría, tus ganas, tu alma.
Y luchaste, mi cielo, y yo contigo, pero al final te fuiste, y yo me quedé aquí sin ti, sin alegría, sin ganas y sin alma.
Viviendo otra etapa en mi vida que me has regalado tú con tu ausencia. Amando a nuestros hijos y a nuestras familias con una intensidad loca, disfrutando de las cosas pequeñas que antes no era capaz de percibir, conectando con la vida de verdad.
Gracias por ello, mi amor.
Y estás aquí y quiero decírtelo: el cáncer ha perdido para siempre, ya nadie morirá por su culpa. La ciencia ha conseguido parar al bicho, y ya no es más peligroso que un resfriado.
Casi lo conseguimos, mi vida. No puedo evitar sentir rabia e impotencia, ¿por qué no pudo pasar esto hace cuarenta domingos? Qué egoísta, ¿verdad?
Simplemente un resfriado, eso me dejó sin el calor de tus manos sobre las mías.
Pero aprovechemos este momento que me regalan los sueños, celebrémoslo, el bicho ha perdido, y aunque cuando despierte tú volverás a no estar, ya no se llevará más vidas.
Ven aquí, abrázame hasta que despierte y espérame donde te quedes tú.
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jueves, 3 de diciembre de 2015
Un resfriado
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jueves, 2 de abril de 2015
Mi bolita de coco.
Sara es como cuando te despiertas pensando que llegas tarde y descubres que es domingo.
Es mi mejor amiga.
Tengo mucha suerte, no me lo explico.
Hoy pensaba que mira que hay personas en el mundo, que ha habido eras en la humanidad y rincones en este planeta y hemos ido a coincidir las dos en espacio y tiempo.
Una potra que no veas.
Y me alucina que aparentemente no tengamos nada que ver, pero lo tengamos todo. Me encanta no quererla por inercia, quererla porque cada día descubro un nuevo detalle de su personalidad que me encandila todavía más.
Sara es un paquete de pipas y un remigio en una terraza de pueblo a las tres de la mañana. Es el fresquito en tu cara cuando le das la vuelta a la almohada en agosto. Es lo más confortable del mundo.
Ella siempre "va tirando, con la calma", yo soy de las que llegan antes que la calma. Sara recuerda su nacimiento, yo odio recordar. Ella es improvisación, yo me debo a la previsión.
En fin, la extraña pareja.
Nos unen el hipotiroidismo, nuestras preciosas familias, 16 años llenos de momentos juntas (momentos que sí quiero recordar), que somos hembras humanas y por supuesto, el amor.
A menudo pienso en qué podré yo aportarle a ella. Y no es que me menosprecie, es que creo firmemente que las relaciones son un intercambio de información, sea del tipo que sea, y me acojona pensar que un día se nos acabe.
El dueño de Telefónica lo debe estar deseando...
Sara es artista. En todas las facetas en las que se puede hacer arte, menos en el caminar.
Sara y sus pausas dramáticas. Sus ideas de bombero, superlógicas para ella solita.
Sara es un genio.
Sus cuadros te transportan, te emocionan, te llenan por dentro ¡qué increíble!.
Sara también es actriz. Consigue marcar una huella imborrable haga lo que haga. Es su sello de calidad.
Sara canta como un gato atropellao, agonizando, muy fuerte... Duele. Pero hasta eso lo encuentro adorable, eso, sus pies de campesino y sus "me niego".
Adora la cultura francesa, le encanta chafardear en Pinterest hasta las cuatro de la madrugada y los libros con títulos extraños, los cantantes siniestros totalmente desconocidos para el resto de la humanidad y las camisas de cuadros de su padre.
A Sara hace casi un año se le partió el corazón y está pegando los pedacitos como puede y creciendo por el camino. Se fueron dos personas del mundo para instalarse en su alma para siempre, y con Aquilino, ya son tres.
"No me extraña que te duela la espalda, Amiga."
Y ella ahora es mejor persona si cabe, lo sé, lo noto; parece que ha vuelto, y le hablo pero no es ella, es su versión mejorada.
"Todo irá bien, Amiga. Te deparan tantas cosas buenas..."
Sara es especial.
Sara te regala una sonrisa ancha y abre grandes sus preciosos ojos aleteando las pestañas si le dices algo bonito mientras te pregunta coqueta " ¿sí? ".
"Sí, Amiga, sabes que sí, y si no lo sabes, te lo recuerdo yo."
Sí a que tu sensibilidad es de lo más hermoso que he conocido nunca. Sí a que tu mente tiene tantos recovecos misteriosos, tan impresionantes...
Sí a que tu generosidad, tu capacidad de asombro, tu bondad, tu empatía y tu curiosidad no conoce límites. Sí a tu originalidad, tu autenticidad, tu verdad. Sí a tu espiritualidad y a tu sensitividad.
Y un SÍ gigante a que haces muchas cosas bien, porque les pones amor, pero lo que mejor se te da es ser.
Y eres, Sara, para esta amiga loca que tienes, el contrapunto que necesito para mantener el equilibrio, la mano eterna que se me ofrece cuando aún así caigo, los oídos en los que me refugio con absoluta confianza, es tu abrazo y sus poderes mágicos lo que más me reconforta.
Hemos vivido de todo juntas, los momentos más importantes de nuestras vidas. Queramos o no, nos hacemos mayores y aunque nos aguardan muchos momentos felices, también hay y habrá alguno más complicado. Pero vamos a poder con todo.Y estaremos juntas, porque aunque estemos lejos, nuestra amistad está por encima de la distancia física.
Gracias, Amiga. Es un honor para mí estar a tu lado.
Te quiero más cada día, mi bolita de coco.
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